El volumen Agricultura en Vasconia es el octavo de un proyecto de investigación etnográfica propuesto y diseñado  por José Miguel de Barandiaran bajo el nombre de Atlas Etnográfico de Vasconia y que llevan a cabo los Grupos Etniker Euskalerria.

Este tomo está estrechamente relacionado con uno anterior dedicado a la ganadería ya que han sido actividades interconectadas en la sociedad tradicional.

En él se recogen los saberes que las gentes del campo han tenido sobre la tierra, las semillas, los cultivos y sus cuidados y las formas de aprovechar y conservar las cosechas, en definitiva, de cómo producir alientos. Y todo ello en un intento por evitar que dichos conocimientos se pierdan definitivamente. Estos datos se recogen en los capítulos que van del tercero al undécimo.

El resultado de los trabajos agrícolas ha supuesto la humanización del paisaje natural, transformándolo en paisajes agrarios, con diferentes distribuciones de las tierras de cultivo tal y como puede verse en los dos capítulos iniciales de la obra.

Pero nuestra mirada etnográfica de la agricultura tradicional nos descubre más un modo de vida que una actividad económica con todo lo que aquella implica, ya que vincula la casa de labranza, con su tierra y sus montes habitada por una familia extensa, tema abordado en un tomo anterior y con un vecindario donde era necesaria la ayuda mutua.

El esfuerzo humano se prolongaba gracias a la fuerza animal, como podemos ver en los capítulos XIV y XV. El aprovechamiento de los recursos llevaba a la fabricación casera o local de los aperos y las herramientas (capítulos XII y XIII).

Una agricultura familiar que basaba su estrategia de supervivencia en el autoabastecimiento, llegaba incluso a producir las fibras con las que tejía en otros tiempos parte de la ropa tal como puede verse en el capítulo octavo dedicado al cultivo del lino.

Esta sociedad tradicional que destinaba sus excedentes al comercio fue capaz de buscar diferentes soluciones al uso de la tierra, tanto comunal como privada; además en la misma jugaban un papel importante determinados ritos y aspectos creenciales (capítulos XVII a XIX).

En definitiva, un mundo rural en el que el aprovechamiento de los recursos propios llegaba al máximo y donde nada era considerado como desperdicio. Con los animales como parte integrante del grupo doméstico, cuya fuerza de trabajo permitía aliviar la dureza de las tareas y con cuyo estiércol se mantenía la fertilidad de una tierra que les daba de comer a ellos y a sus dueños, cerrando así el ciclo productivo.

Por lo demás a lo largo del tomo se constatan las transformaciones que se han operado en la agricultura y quedan reflejadas de un modo evidente en la introducción de maquinaria cada vez más compleja y de mayor potencia (capítulo XVI).

Obviamente estas transformaciones van más allá, ya que afectan al vínculo con la tierra, a las relaciones vecinales, a las formas de producción, a una creciente especialización, y a una sensación generalizada de pérdida de control sobre la propia actividad en un mundo cada vez más complejo y burocratizado. En definitiva el paso de un modo de vida a una actividad económica regida por intereses comerciales.

No olvidemos que, en pocas décadas, hemos pasado de un modo local de ver el mundo, lo que conllevaba un profundo conocimiento del entorno, a un medio mucho más amplio y desconcertante que tiene una dimensión global.

En total 19 capítulos aparte de otro introductorio donde se exponen unas consideraciones generales fruto de las reflexiones llevadas a cabo durante el proceso de elaboración del trabajo. Con un millar largo de páginas y algo más de 400 ilustraciones aportadas en su mayoría por los investigadores de campo.

Aún así no se trata de una recopilación definitiva, la realidad es mucho más compleja de lo que hemos podido reflejar en estas páginas. De hecho, muchos aspectos están solo apuntados por lo que se prestan a posteriores investigaciones.